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• REFERENCIA HISTORICA: BENKOS BIOHO Y EL PACTO DE PAZ DE 1605 |
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Benkos Bioho, el gran cimarrón, el guía que
conduce a la libertad, el héroe fundador, para
los palenqueros, el rey del arcabuco para la
leyenda, Domingo Bioho para las autoridades
coloniales, llegó esclavizado a Cartagena de
Indias en el último año del siglo XVI. Organizó
palenques, confi guró las formas de resistencia
militar y funda men tó las bases y los
meca nismos de la negociación política con la
adminis tración colo nial. Es usual encontrarlo en los relatos de los abuelos, en los cuentos
de los niños, en las canciones y sobre todo,
en la historia épica y cotidiana contada por los
palenqueros.
Fray Pedro Simón señala al respecto: “Y en estos tiempos [1599] comenzó un
alzamiento y retiro de ciertos negros cimarrones
en aquella ciudad de Cartagena
de Indias, cuyos primeros pasos fueron
que un Juan Gómez, vecino de ella,
haciendo malos tratamientos a algunos
de los que tenía, había entre ellos uno que se llamaba Domingo Bioho, tan brioso,
valiente y atrevido, que tuvo alientos
para huirse de casa de su amo y llevar
consigo a otros cuatro negros, a su mujer
y tres negras, todas de su ama, que con
otros que hicieron lo mismo, esclavos de
Juan de Palacios, vecinos de la misma
ciudad, se retiraron, siendo todos hasta
treinta, al arcabuco y ciénagas de Matuna,
que están a la parte del sur, no lejos
de la villa de Tolú, y desaguan en el mar
por aquel paraje”
Durante cinco años Benkos y su pueblo hacen
la guerra a la Corona; sus intereses e intenciones
se fundamentan en la libertad como
la razón de ser, en la autonomía de gobierno y
en la demarcación del territorio.
Fue el inicio de una serie de pactos, propuestas
de poblamiento e intentos para lograr
dar fin a esa guerra, que como se verá, duro
muchos años, como consta en la carta dirigida
al Rey por al Gobernador de Cartagena, Don
Gerónimo de Suazo y Casasola, fechada el 18
de julio de 1605: “[...] me ynbiaron a pedir la
paz y por considerar las dificultades que avía
para acabarlos con ser tan pocos y ser necesario
hacer tanta costa para ello como si fueran
muchos me resolví en concederles paz por un
año según de la manera que se capituló con
ellos”. Desde la perspectiva histórica, este
acuerdo de paz permitió establecer las bases
para lo que un siglo después sería el Palenque
de San Basilio.
Benkos logró una serie de fueros para él y
sus cimarrones, como poder circular libremente
por toda la zona incluida Cartagena; portar
armas dentro y fuera de la ciudad y ser tratado
con respeto por las autoridades. Benkos era
respetado y temido, como también querido y apoyado. Era un líder y ganaba espacio político
Habían logrado el reconocimiento como
pueblo libre. Fray Pedro Simón relata: “[...] y
darles licencia para que entrasen en la ciudad
y saliesen de ella con su capitán Dominguillo,
como lo hacían a todas horas, y el Bioho andaba
con tanta arrogancia que de más de andar
bien vestido a la española con espada y daga
dorada, trataba su persona como un gran caballero”.
El nuevo gobernador de Cartagena, don
García Girón, en una carta dirigida al Rey el
28 de marzo de 1621, relata cómo la figura de
Benkos crecía entre las gentes. Afirma que de “[…] las cosas más dignas de remediar fue el
alzamiento que había habido en esta ciudad
de unos negros cuyo caudillo y capitán fue un
negro llamado Domingo Bioo (sic) negro tan
belicoso y valiente que con sus embustes y encantos
se llevaba tras de sí a todas las naciones
de Guinea que había en esta ciudad”. Se
queja de los altos costos de la campaña “más
de duzientos ducados”, y de la imposibilidad
de reducirlos porque
se les reconoció el derecho
de fundar pueblo
y autogobernarse: “[…] y sin poder
castigarle ni a él ni a
los negros alzados
que traía consigo,
se tomó con él un
medio muy desigual
y se le consistió que
viniese a poblar a
veinte leguas de
aquí con todos sus
soldados los cuales
todos hicieron y
fundaron un pueblo
que se llamó Matuna
sitio fuerte entre
ciénagas y caños
de agua y fortificándose en él con
muchos palenques nunca consintió dicho Domingo Bioo que
ningún español entrase con armas en su
pueblo”.
Sigue relatando el gobernador García Girón
la manera como al palenque de la Matuna no
había posibilidad de entrar armado, ni siquiera
los dos alcaldes de la hermandad que se acercaron
en alguna ocasión pues “los desarmó
diciendo que en su jurisdicción no habían de
entrar gente armada”.
Los vecinos estaban aterrados con la fuerza
de Benkos y su gente, repite el gobernador en
sus cartas al Rey, por la importancia de su liderazgo
y el espacio político que iban ganando
paulatinamente entre las gentes pertenecientes
a las castas desposeídas. Por ello es tomado
preso a traición y después de un interrogatorio
a manera de juicio se le condena a la horca
el 6 de marzo de 1621. La paz, concertada
con Benkos, duró 16 años, de 1605, fecha del
primer pacto, hasta unos meses posteriores al ahorcamiento de Benkos. Este tiempo de conciliación
sirvió para que los cimarrones lograran
reagruparse, asentarse con sus familias y
medios económicos para subsistir, y prepararse
para la guerra a muerte que se desataría
con fuerza brutal.
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•DOMINGO CRIOLLO Y LA PROPUESTA DE PAZ DE 1691 |
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Setenta años después de los primeros pactos
iniciados por Benkos, se plantearon de
nuevo negociaciones directamente con el Rey.
Se aprovecha la mediación del cura doctrinero
de Turbaco, Don Balthasar de la Fuente,
que viaja a la corte, para llevar una propuesta
de paz. Se buscaba pertenecer dignamente a
la sociedad colonial sin ser discriminados, ni explotados. La consecución de un territorio, la
búsqueda de la libertad y la obtención de recursos
para desarrollarse, fueron en sí mismos
los lineamientos esenciales del discurso político
que aún hoy continúa signando la historia
palenquera.
Domingo Criollo, jefe de los cimarrones del
palenque de San Miguel, uno de los cuatro que
había en los Montes de María9, los otros eran
el de Matudere, Arenal y Betancur, había nacido
palenquero y vivió hasta avanzada edad
ejerciendo como guía heredero de la estirpe de
Benkos. Los encargados de arrasar el palenque
de san Miguel, lo encontraron intentando esconder
a las mujeres embarazadas, a los niños y
a los ancianos. Fue asesinado a mansalva por
un soldado; le pegaron dos tiros de arcabuz,
según relata el Gobernador
en su informe, aunque se
intentó esconder el hecho
del asesinato, no dejaron de
resaltar lo indefenso que se
encontraba. La recompensa
en dinero y honores por la
cabeza de los líderes palenqueros
era considerable y
Domingo Criollo simbolizaba
la rebelión en esos finales
del siglo XVII.
Contradiciendo una cédula
anterior de 168811 donde
se había declarado por enésima
vez la guerra a los cimarrones,
la Corona acepta
la propuesta, y la envía en la
real Cédula del 23 de agosto
de 1691, fechada en Madrid,
donde se estipulan los términos de la paz, argumentando que “siendo innegable
que sin el presupuesto infalible de su
libertad general y absoluta, no vendrán a reducirse”,
aceptando la totalidad de lo pedido por
los cimarrones:
• Reconocimiento de la libertad, sin ser
castigados por su fuga, ni ejercer
ningún tipo de represalias.
• Demarcación del territorio con el
derecho de uso productivo.
• Trato jurídico y fiscal igual a la
población libre.
• Autonomía de gobierno.
• En el caso de levantamiento, serían
tratados como vasallos alzados.
• Por su parte, se comprometían a no
guerrear, y a no recibir cimarrones en
el Palenque.
La real cédula desató la guerra y como era
de esperarse, las autoridades y los esclavistas
no aceptaron la decisión del Rey, y se hizo de la
misma manera como se hacía con las órdenes
reales de difícil cumplimiento: “se obedecen
pero no se cumplen”.13 Debido a la gravedad
de la situación, se acuerda en reunión del 31
de mayo de 1693, que se reconozca la libertad
solamente a los cimarrones que por haber nacido
en los arcabucos de los Montes de María
no tenían dueño, es decir a los criollos sin amo
porque era imposible pagarles a los dueños el
valor de la libertad de sus esclavos “huidos y
alzados”. Así se cumplía con la cédula y no se
daba pie a la oposición de los amos y los hacendados.
No contaban con la reacción de los palenqueros,
puesto que aceptar una medida así
significaba desintegrar los palenques, desmembrar las familias, romper los lazos de
solidaridad como fundamento ético y renunciar
a un derecho ya ganado. Desde cualquier punto
de vista la decisión que se tome era de por
sí explosiva. La aplicación de una cédula real
servia de marco para activar con la guerra uno
de los grandes conflictos coloniales: libertad
versus poder.
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