|
PRACTICAS RITUALES SOBRE LA VIDA Y LA MUERTE
En San Basilio de Palenque se encuentran concentradas una serie de prácticas y rituales que evidencian concepciones sobre la vida y la muerte que se remontan al legado africano y a la inusitada capacidad de creación cultural de los palenqueros y palenqueras. Dentro de estas prácticas y rituales es pertinente resaltar aquellas relacionadas con la medicina tradicional y los rituales fúnebres donde se presenta el lumbalú.
Lo que se pude denominar medicina tradicional es un conglomerado de conocimientos y técnicas de intervención sobre la enfermedad y el daño que se asocian estrechamente a la cosmovisión palenquera. Las fuentes de las enfermedades son múltiples, mientras que los daños o male.cios provienen de la intervención de zánganos (brujos) y bularias (brujas). En general, muchas de las enfermedades pueden ser tratadas con plantas y rezos o por la intervención del medico y sus drogas sintéticas. Sin embargo, hay un conjunto de enfermedades (como el mal ojo) que sólo pueden ser tratadas mediante procedimientos tradicionales (mediante baños, tomas y rezos), ya que la intervención del médico no sólo es inútil, sino que puede poner en riesgo la vida del paciente. Los daños o male.cios, sin embargo, son competencia exclusiva de los zánganos y bularias: ellos son los causantes y sólo ellos pueden revertir sus efectos. El acudir al medico o a las drogas sintéticas no ayuda y sí pueden empeorar la condición. Los daños o male.cios no se limitan a la salud de las personas, pueden también afectar animales, cultivos, la casa u otros aspectos de la vida de las personas como su fortuna o sexualidad. Las aseguranzas (diminutas bolsas que se llevan atadas al cuerpo) se constituyen como contra ante la posible intervención de los zánganos y bularias en su intención de producir daños o maleficios.
Como botánicos o yerbateros son conocidos los depositarios del saber médico tradicional basado en la combinación de plantas y de partes de animales que se administran en momentos y modalidades determinadas. Las tomas, baños o emplastos son las modalidades más comunes de administración de los medicamentos tradicionales; los cuales van generalmente acompañados de rezos (secretos) como complemento o condición necesaria de su actuación terapéutica.
El fallecimiento o la curación de enfermedades se relacionan con también con la presencia de los muertos. Aunque permanecen en el ‘mundo del más allá’, los muertos se conectan con frecuencia con el mundo de los vivos mediante sueños o apariciones. En sus apariciones, la presencia del muerto es anunciada por vientos fríos o malos olores. Notar la presencia del muerto se asocia con la fiebre, dificultad para hablar y enfermedades súbitas en los vivos. Estas enfermedades se curan con plantas, rezos y baños. No todos tienen la posibilidad de observar el muerto, ya que sólo quienes tienen “vista para ver muerto” pueden hacerlo. Los muertos entran al mundo de los vivos ya sea para ayudar a morir a uno de sus seres queridos o para curarlo. Así, cuando un agonizante voltea su rostro hacia la pared y empieza a hablar solo es señal de que en ese momento se encuentra dialogando con los muertos, los cuales le ofrecen de comer. Si el agonizante acepta esta comida, morirá prontamente. Pero los muertos también pueden traer curación para el enfermo mediante tomas, sobijos y rezos.
El lumbalú constituye el rasgo más característico de los rituales fúnebres en Palenque de San Basilio. Ligado al contexto del velorio del muerto, el lumbalú son cantos de ritualización de la melancolía y el dolor (leco) en el proceso de acompañamiento ritual. El origen del lumbalú se remonta al territorio bantú en el continente africano.47 Etimológicamente está compuesto por el pre.jo /lu/ que significa colectivo y /mbalú/ que significa melancolía, recuerdos o re.exión. Este rito se lleva a cabo cuando fallece una persona en Palenque, y se celebra por medio de cantos y bailes alrededor del cadáver, cuando una voz líder es acompañada por un coro que la sigue de manera espontánea durante nueve días y nueve noches. En el lumbalú se condensan las concepciones de Palenque ya que: “En el lumbalú se relacionan íntimamente el baile, la música y el canto. El lumbalú en sí mismo es música, a un nivel rítmico, es canto en cuanto manifestación oral, es baile (baile ri muerto) como expresión corporal y es un ritual.
El lumbalú es […] síntesis del universo musical corporal y simbólico de San Basilio de Palenque, pues es en el lumablú en donde se evidencia el subconsciente iconográ.co africano y se presenta la unidad de la música, el baile, la vida y la muerte”. Según la cosmovisión palenquera, la muerte separa la sombra (el alma o del ánima) del cuerpo y cada una toma caminos distintos: la sombra se va para el más allá y el cuerpo para el cementerio o casariambe (casa de hambre). El muerto es amortajado en su propia casa y
permanece allí durante un día, en donde se da inicio al velorio. Cuando lo llevan a enterrar se barre la casa, hacia fuera, para que se vaya el muerto. En seguida se hace el altar compuesto por una sabana blanca y una mesa encima de la cual van tres cuadros: la Virgen del Carmen a la derecha, el Sagrado Corazón de Jesús en el medio y San Martín de Loba a la izquierda así como un cristo. Además se coloca un vaso de agua de cristal para que la sombra beba agua. El velorio dura nueve días, a partir del día que entierran el cadáver. En el velorio se reza a las 6 de la mañana y a la 5:30 de la tarde, porque esa es la hora que el espíritu del difunto llega a la casa. Antes se rezaba tres veces porque se considera que el rezo es el alimento del difunto. La última noche (la novena noche desde el enterramiento del cadáver) constituye el cerramiento de los rituales funerarios que permiten a la sombra dirigirse al mundo de los muertos. El altar se engalana, además de las sabanas blancas e imagines religiosas, se introducen más velas y motivos mortuorios (una especie de moños ya sea negros o blancos con morado) pegados al paño del altar. La última noche es mucho más concurrida que las otras noches del velorio y, con excepción del velamiento y enterramiento del cadáver, es el momento donde los cantos y bailes del lumbalú son más frecuentes y en el cual debe contarse con la presencia de familiares, miembros del kuagro, vecinos y amigos. En el complejo funerario palenquero, se establece una distinción entre la muerte de un adulto y la de un niño pequeño. Mientras que la muerte del adulto implica una serie de rituales conocidos como velorio que se extiende por nueve noches después del enterramiento, en el caso de los infantes los rituales fúnebres se limitan en el tiempo hasta cuando se hace el enterramiento de su cadáver. Esta diferencia radica en que la sombra del adulto requiere de una serie de procedimientos rituales para que se dirija al mundo de los muertos, mientras que el infante es considerado un angelito, carente de pecado, no requiere de tales procedimientos para que su alma abandone su lugar entre los vivos. Aquiles Escalante, el primer etnógrafo que describió a Palenque de San Basilio, describía así las prácticas funerarias de los pequeños: “Cuando muere un niño la madrina le regala una coronita de papel (aguinaldo) y las velas; el padrino aporta el ron para los que van a cavar la sepultura. Les mantienen los ojos abiertos mediante unos palitos y se les coloca una flor de papel entre las manos; solamente se les puede llorar el primer día de la misma manera que a los adultos; si se prolonga tal acción el alma del niño se convierte en duende, el cual se manifiesta mediante un zumbido, un ruido especial que asusta a los desvelados”.
Subyacentes a estas diferencias en las prácticas funerarias de infantes y de mayores se encuentra una serie de representaciones sobre la relación cuerpo-sombra, vida y muerte así como las formas rituales de elaboración colectivas del duelo.
|